Si decimos que Argentina es un país futbolero no descubrimos nada nuevo, y cada vez que deportista o algún argentino se destaca en otro rubor nos resulta familiar escuchar alguna analogía con el fútbol. Nicolás Pretto es un bochófilo nacido en la localidad cordobesa de Sacanta y fue apodado como el “Messi de las bochas”, tras consagrarse a nivel mundial. Del mismo modo, en Bell Ville y en gran parte de la provincia de Córdoba comenzó a hablarse del Scaloni de las Bochas. Ese Scaloni de las bochas es Matías Quevedo.
Matías es vicepresidente de la Asociación Bellvillense de Bochas y hace años dirige los seleccionados infantiles y juveniles de la asociación. Comenzó al mando de la sub 15, luego tomó las riendas de la sub 18 y hace dos años dirige el seleccionado sub 21, con muy buenos resultados.
En la vitrina de Matías Quevedo se exhiben seis títulos con las selecciones juveniles, dos con cada categoría, sub 15, sub 18 y sub 21, más un título de damas. A los que se suman muchos trofeos de tercer puesto y dos primeros puestos de los Torneos Argentinos sub 15 y sub 18.
En la casa de los Quevedos se respira bochas, no hay hora que no se esté hablando de las bochas y no hay domingo que algún miembro de la familia no esté jugando. Si no es el propio Matias, juega su esposa, Julia, o alguno de sus hijos Kevin o Selene. Y fue allí, con su familia como comenzó a dirigir Matías a los seleccionados. “Dirigí a los tres integrantes de mi familia”, relata Matías, “el primero fue con Julia, con un equipo de mujeres medio improvisado, porque no había jugadoras en Bell Ville. Nos fue bien, salió cuarta, fue algo histórico y gracias a esa revelación digamos, la invitaron al Torneo Argentino ese año, asique también fuimos a un Torneo Argentino con Julia. Y bueno a Kevin ha sido al que más he dirigido en estos años, porque él también ha jugado todos los provinciales, jugó todos los años, menos este por la lesión. Y a Sele también, en tres provinciales, el año pasado me cambié la camiseta de la Asociación Bellvillense, fue algo anecdótico porque Sele se cambió para el Club Matienzo y yo dije que si Sele clasificaba al provincial, yo no dirigía a las mujeres. Tuve la suerte que me hablaron de Marcos Juárez, no pensé que me iban a dar esa oportunidad, asique también dirigí para otra asociación”.
En sus inicios como jugador Matias recuerda la presencia de su padre, Cacho, quien lo acompañó a cuanto certamen se presentó. Su buen nivel lo llevó a disputar torneos provinciales en las categorías infantiles y juveniles. Luego llegó a jugar en primera categoría de mayores, y allí destaca la posibilidad de compartir cancha con Danilo Rivero, uno de los grandes bochófilos de Ballesteros. Hoy Matías puede aportar su experiencia y sus conocimientos a los niños y jóvenes que dirige.
El deporte de las bochas es una disciplina que requiere de concentración, precisión y mucha práctica, sobre todo hoy con las canchas de piso sintético. Quevedo reconoce que a la hora de dirigir el corazón le late diferente cuando un integrante de su familia está dentro de la cancha. Sin embargo, tiene que lidiar con su rol como técnico y padre, principalmente. Este año, por ejemplo, Kevin no jugó los provinciales por lesión, y si bien Matías reconoce que disfrutó del torneo y del resultado obtenido, se vive distinto cuando hay un Quevedo jugando.
Matías que comenzó de la mano de su papá, hoy acompaña a su familia en cada certamen, aunque confiesa que no es fácil porque muchas veces cada les toca jugar en localidades distintas y se reparten con Julia para estar con cada uno de sus hijos. Las bochas los une, las bochas los hace disfrutar de un momento en familia, y han logrado a través del deporte ser reconocidos en distintas partes del país. Gracias a los viajes por los provinciales y los nacionales se han ganado un respeto no solo por las cualidades deportivas, sino también por la conducta y el compañerismo.
Matías, o el Scaloni de las bochas como lo llaman en Bell Ville, reconoce que no sabría qué hacer si no existieran las bochas, y agrega mirá yo creo que, los cuatro en casa jugamos, pero creo que nadie amó las bochas como yo todavía. Y en casa no hay hora que no hablemos de las bochas y si un fin de semana que alguno no juegue, no sabemos qué hacer. Es muy raro que un domingo algún integrante de la familia no esté jugando”.
