“Necesitaba demostrarme que podía llegar más lejos”

“Hay que creérsela un poco más, en el buen sentido. Entrar a la cancha y confiar en que se puede ganar” lanza al aire Juan Manuel Rivero, como si estuviese voleando a la red. Juan no anda con vueltas, es directo y franco, tanto la cancha como en la vida. De perfil bajo y con la humildad como bandera destaca que al momento de entrar a la cancha se alienta, para creérsela y ganar confianza frente a sus rivales.

Juan tiene un pasado como futbolista, vistió en más de 100 ocasiones la camiseta de Talleres de Ballesteros, donde se dio el lujo de gritar campeón y ascender a la máxima categoría de la Liga Bellvillense de Fútbol. “El fútbol es hermoso y lo disfruto cada vez que juego”, reconoce que el deporte más popular del planeta enseña mucho en lo colectivo y en el trabajo en equipo. Sin embargo en un momento de su carrera sintió que le faltaba algo, algo que no encontraba en este deporte que tanto ama. Juan Manuel quería dar un salto más, ponerse a prueba y demostrarse hasta que nivel podía llegar.

En la vida hay que tomar decisiones, el tiempo dirá si estas fueron o no acertadas. Juancito colgó los botines y enfundó la paleta de pádel. Lejos de tomarlo como un hobby o una actividad recreativa, se propuso pulir su técnica y mejorar su juego. Tras el boom que tuvo el pádel luego de la pandemia, Rivero comenzó a competir en cuarta categoría. No todo fue fácil, porque los primeros resultados no fueron los esperados. No bajó los brazos  y siguió entrenando. 

Todo sacrificio trae sus frutos, así fue que las mejoras se fueron viendo con el correr de los meses y las participaciones en los distintos certámenes en que se presentaba. “Por suerte tenemos en la región grandes jugadores y muy buen nivel” lo cual le ayudó a crecer y mejorar en el pádel. Gracias a ello llegaría la posibilidad de jugar y asentarse en tercera categoría.

“Tuve dos años muy buenos, creo que el 2024 jugamos junto con Renzo Cesare (de Justiniano Posse) 10 torneos y ganamos 8”, después jugó con su hermano Ignacio y con Matías Bongiovani (de Noetinger). Con Nacho hoy se posicionan como los mejores jugadores de tercera categoría, mientras que con Matías, este año se dieron el lujo de representar al seleccionado nacional en el Torneo Panamericano. De esto hablaba Juan, cuando hacía referencia a buscar algo más, de probar hasta dónde puede llegar. Y lejos de ponerse un techo, sus aspiraciones son jugar en segunda categoría el año próximo.

Los sueños y las ganas de Juan no se agotan en el plano deportivo, hoy hizo realidad otro de sus sueños, tener su propia cancha de pádel. Un nuevo espacio en la localidad para practicar este hermoso deporte que nuclea a una gran cantidad de vecinos. Agradece a la gente que lo rodea, que lo acompaña y le da una mano permanente, a su familia y a sus amigos. 

Juan, al igual que Nacho son Rivero, y eso en Ballesteros es sinónimo de deporte, de superación, de sacrificio, de no bajar los brazos y competir en el nivel más alto que se pueda. Dentro del clan Rivero destacamos a “Handri” papá de Juan y Nacho, quien supo vestir la 9 de Talleres, primo del Bebo, sobrino del Jimmy y del Flacura estandartes del motocross nacional, y este último con un gran paso en el pádel, también. 

Con humildad, perfil bajo y con esa mentalidad de “creérsela” dentro de la cancha Juan camina a paso firme dentro de la cancha como en la vida, cumpliendo sueños y aspirando a nuevos objetivos. 



Autor:Juan Pablo Mangini

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